Este es un fragmento del libro del Sufrimiento a la Paz, autor: Padre Ignacio Larrañaga. El creo los talleres de Oración y Vida y brinda un hermoso y significativo mensaje en el cual nos invita a ver la vida con esperanza, alegría y Optimismo.
Aqui les comparto una pedacito de su libro acerca del sufrimiento, la depresión y las angustias.
Si tienes preguntas, escribenos y estaremos felices de contestarte, si conoces a personas que este material les puede ser de ayuda, compartelo y asi ayudar a mas personas a compartir sus experiencias como testimonios de Fe. Si puedes acceder a los retiros o talleres será de gran ayuda. Buscalo también en YouTube, ejercicios espirituales.
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| Mientras tenga alma y vida el cuerpo, hay esperanza |
Fragmento:
"Vamos a comenzar a entender el misterio doloroso de la criatura humana.
Vamos a tratar de zambullirnos en los profundos mares del misterio humano. No para asustarnos, sino para comenzar a comprendernos, que es el primer paso, para hacernos amigos de nosotros mismos. Haciéndonos amigos de nosotros mismos, es sin darnos cuenta, comenzar a sufrir menos.
Observando el misterio universal de la vida, descubrimos que los seres anteriores al ser humano, los animales, no se hacen problemas para vivir; al contrario, todos sus problemas los encuentran resueltos y por eso no sufren de preocupación ni ansiedad.
No saben de aburrimiento ni de insatisfacción. Se sienten plenamente realizados. Esta “felicidad” la viven sensorialmente, aunque, como es obvio, no conscientemente. Sin embargo, la criatura que llamamos “hombre”, en un momento determinado de su historia vital, tomó consciencia de sí mismo: supo que sabía, supo quién era.
La consciencia de esto constituyó para el hombre un proceso de posibilidades asombrosas, pero, al mismo tiempo acarreó una desventura casi catastrófica. Sintió que se le rompían las ataduras instintivas que lo ligaban al “paraíso” de aquel hogar feliz. Donde vivía una unidad vital con todos los demás seres y con Dios mismo.
Comenzó a experimentar la típica soledad de un exiliado, de alguien que ha sido expulsado de una venturosa “patria”. Se sintió solitario, porque comenzó a percibir que ahora era “el mismo”, diferente de los otros y separado de todos; quiere decir, que ya no estaba integrado unitariamente a la creación, que estaba aparte. Por primera vez, sintió tristeza y soledad.
Y, la vida misma se le tornó en un enorme y aplastante problema: tenía que aprender a vivir. En ese momento el hombre midió con precisión sus posibilidades y limitaciones. Y se siente desvalido e impotente. Se siente disociado por urgencias interiores y desafíos exteriores. La razón le dicta una cosa y la emoción le dice otra. Desea mucho y puede muy poco. Busca la armonía consigo mismo y con los demás, y sin embargo, siempre está en tensión. Experimenta sensaciones descontroladas, como la ansiedad, la depresión, la dispersión... y no dispone de armas necesarias para vencerlas. Y
¿cuáles serían esas armas?
Esas armas serían instrumentos de salvación que nos acompañaran como amigos mientras vamos recorriendo e inspeccionando las diversas fuentes de sufrimiento. Estos amigos para el camino son los siguientes:
-salvar-se a sí mismo
-despertar
-paciencia
-poder mental
-Relativizar
Comencemos hablando sobre el salvar-se.
Para comenzar no se trata de la salvación que nos fue conseguida por Jesucristo y que se consumará en la gloria eterna. Cuando hablamos de salvar-se; nos referimos al esfuerzo por el que uno
mismo, con sus propios medios realiza ciertas iniciativas a modo de auto terapia, para evitar o mitigar el sufrimiento. Hablamos, por ejemplo, de “salvar-se del miedo”, “salvar-se de la tristeza”, “salvar- se de la angustia”, “salvar-se del vacío de la vida”, “salvar-se del sufrimiento” ... y salvar-se a sí mismo.
La “salvación” es el arte de vivir, y el arte se aprende viviendo, nadie puede vivir por mi o en lugar de mí. También cuando decimos “salvar-se” no nos referimos a las “enfermedades” o a disfunciones mentales. En el caso de esas “enfermedades” se trata, generalmente, de síntomas compulsivos u
obsesivos que impiden al “enfermo” vivir en la sociedad como una persona normal.
Pero hay personas que funcionan socialmente bien mediante mecanismos de disimulo (que los “enfermos” no consiguen disimular) o de sentido común, pero interiormente son tristeza y dolor. Estos no son “enfermos”, no tienen síntomas patológicos, pero sufren de una agonía mortal y, con
frecuencia, no saben por qué. Sufren depresión, insomnio. Sacan a relucir sus problemas matrimoniales o profesionales. Pero no es ese su verdadero problema. Su problema es la sensación que tienen de que la vida se les va sin haber vivido; de que se le están pasando los años y van a morir sin haber vivido.
Frente a este panorama “salvar-se” significa suprimir las fuentes del sufrimiento, trasponer las fronteras del dolor y de la angustia, superar la preocupación obsesiva por sí mismo, y así, adquirir la presencia de ánimo, de auto control y la serenidad y, naturalmente, recuperar las ganas de vivir.Y, repito nadie va a hacer esta tarea sagrada por mi o en lugar de mí. Yo tengo que ser el salvador de mí mismo. Al fin y al cabo, estamos en el epicentro mismo del misterio humano: soy yo solo y sólo una vez.
Los amigos y familiares pueden estar conmigo hasta unos ciertos niveles de profundidad. Pero en los niveles últimos, donde yo soy yo mismo y distinto de todos, “allá”, o asumo yo toda la responsabilidad o me pierdo, porque a esos niveles no llega ninguna ayuda exterior. Veamos ahora qué significa despertar.
Despertar es el primer acto de salvación. El hombre por lo general sufre porque está dormido. No se da cuenta de que el sufrimiento humano es puramente subjetivo. Si usted sufre por causa del pasado, es porque está dormido. Los fantasmas narcisistas pueblan su alma de ansiedades y no se da cuenta de que todo es materia subjetiva, de que está dormido. De repente, se siente oprimido por el temor, un miedo sin causa y ahí queda paralizado, sin caer en la cuenta que el miedo es una alucinación que inventa y dibuja sombras siniestras, cuando, en realidad, nada de eso existe; ¡está dormido!. Hechos intrascendentes los transforma en dramas, y peripecias ridículas las reviste con ropajes de tragedia; ¡está dormido! Es preciso despertar. Y despertar es salvar-se, es economizar altas cuotas de sufrimiento.
¿Qué es, pues, despertar?
Es el arte de ver la naturaleza de las cosas, en uno mismo y en los demás, con objetividad y no a través del prisma de mis deseos y temores. Pasamos a aceptar todo porque comenzamos a ver las cosas con claridad. Todo pasa a tener una importancia relativa o a no tener importancia. ¡Y esto sucede porque estamos despiertos! Un maestro oriental fue cuestionado por sus discípulos:
“¿Qué fue lo que le proporcionó la iluminación?
El respondió:
“Antes yo sentía depresión, y ahora siento la misma depresión, con la diferencia de que, ahora, no me importa sentirla”Un ejemplo de esto: el dolor existe, pero el sufrimiento sólo aparece cuando resistimos al dolor. Porque el sufrimiento sólo existe en nuestra mente dormida. Cuando despertamos el sufrimiento acaba. Despertar es tomar consciencia de tus posibilidades e imposibilidades. Las
posibilidades, para usarlas, y las imposibilidades para dejarlas de lado.
Despertar es darte a ti mismo un toque de atención para caer en la cuenta de que te estás torturando con pesadillas que son pura fantasía. Es darte cuenta de que estas exagerando y sobredimensionando cosas insignificantes, y que las suposiciones de tu cabeza las estás revistiendo con visos de veracidad. Tiene que saber que todo pasará, que aquí no queda nada, que todo es transitorio, precario, efímero.
Saber que aquí en la tierra nada hay absoluto, que todo es relativo, y lo relativo, repetimos, no tienen importancia o tiene importancia relativa.
¡Despierta! Se vive una sola vez, no puedes darte el lujo de despilfarrar esta única oportunidad. Ten siempre presente que el vivir, es un privilegio".
Padre Ignacio Larrañaga
Del Sufrimiento a la Paz

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