Desde pequeña me enseñaron que hay alguien quien nos cuida y ama mucho arriba en el cielo, lo veía como algo que era necesario creer y eso me daba tranquilidad, casi en muchas ocasiones no le daba importancia.
El tiempo fue pasando y fui creciendo con esa idea en mi mente. Crecí en una familia muy católica, ambas familias, tanto mi papá como mi mamá; mi niñez en algunas ocasiones no fue fácil y en la escuela sufrí de bullying y mi autoestima bajó, en la adolescencia parecía que todo lo hacía mal y me equivocaba mucho, hasta en la ropa que me ponía; a pesar de los consejos de mi mami, no prestaba atención y terminaba vestida no tan bien... en fin todas estas cosas me llevaron hacer una persona nerviosa y un poco insegura y tomando malas desiciones, mirando la vida con mucha ligeresa.
A mis 18 años...
Al cumplir los diez y ocho años parecía que me comía el mundo y me creí auto-suficiente, llena de soberbia. Primero estudié computación y al terminar me di cuenta que me había equivocado de carrera... ¿cómo pasó esto?.. "supuestamente" me iba a inscribir en la facultad de ingenería y sistemas para continuar la carrera de computación y adivinen que? oh no, cuando vi lo que había que aprender para ingresar: matemáticas, informática, trigonometría, cálculo... etc, etc.. me senté y me puse a llorar.. si me senté a llorar... y mi prima María Eugenia que tenía un negocio de copiadoras en aquel tiempo; me encontró llorando y se preocupó al verme así y le explique mi rollo.. y ella me dijo: "prima a usted siempre le gustó lo que es la Tv, la comunicación... si quiere la llevo a la facultad de comunicación social para que se inscriba, era el último día de inscripciones; y así fue, desde aquel día hasta ahora soy comunicadora social, la verdad nunca sabemos que vamos a encontrar detrás de nuestras equivocaciones y errores, lo que si les puedo decir es que vamos a encontrar una o varias oportunidades y cosas maravillosas de nosotros mismos que no conocíamos...
No dejar de Orar
A pesar de todo esto, Dios seguía distante para mí, iba a la iglesia, asistia a grupos juveníles, me sentía "bien" y solo eso. Con el paso del tiempo caí en depresión, por lo que no había trabajado en mi auto-estima y caí en un desierto, como si le fallaba a Dios y él no estaba, no sentía su presencia en mi vida, perdí toda esperanza, vivir porque me tocaba hacerlo. Para aquel momento mi hermano tenía relaciones cercanas con los mormones y las misioneras nos visitaban y asi terminé siendo mormona por cuatro años, una gran apostasía para mí alma... a pesar de ello nunca dejé de rezar el santo rosario, dato muy curioso, la virgen siempre me cuidó.
Un día llegué a casa muy cansada del trabajo y no me sentía nada bien, un malestar que me recorria el cuerpo y sudaba, los doctores no me encontraron nada... oh no!, que me pasa. Y mi mami me dice: "Patty, Dios te está llamando a que regreses a la iglesia católica", la escuché y medité en sus palabras y así fue, regresé a la iglesia y con una buena confesión todo empezó a calmarse, recibí dirección espiritual y tratamiento psicológico, gracias a Dios y a mi familia me sané.
Entendí lo importante...
Mi papá escucha los videos del Padre Luis Toro, un sacerdote venezolano quien explica y defiende la Fé católica y desde ese momento es que realmente empecé a ver a Dios desde otra perspectiva y con la ayuda de otros autores como: Padre Lorenzo Scúpoli, Scott Hahn, San Agustin. etc.
La iglesia Católica no sólo es fundada por Jesucristo hace 2000 años, sino que también tiene tradición, tiene vida y fundamentos biblicos, gracias al magisterio y los sacramentos, se establece con bases, siendo su principal centro en todo Jesucristo vivo en la Santa Eucarístia.
En Cristo encuentras todo lo que buscas
Si alguna vez busqué la verdad, la encontré en él: Juan 14:6 "Yo soy el camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre sino es por mí" y esta es mi filosofía de vida en la actualidad.
Hoy te invito a ver a Dios en tu vida diaria, que Jesucristo sea el centro de todo en tu vida y lo demás será puesto por añadidura.
Dios en la Cotidianidad
Patricia Mera Cedeño



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